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ARTÍCULO TÉCNICO

Las personas y sus softwares

27/11/2018 - Montserrat Castellanos Moreno, directora Área FM. Clece
La Declaración de Salamanca surge con motivo del IV Encuentro Internacional de Rectores y el VIII Centenario de la Universidad de dicha ciudad.

Esta declaración concluye  diciendo: “Son y seguirán siendo tareas insustituibles de la Universidad… la creación, trasmisión y transferencia del conocimiento que permita afrontar los retos.” Como diríamos en Ciudad Real, “cabalico”. O es que,  ¿acaso no hacemos lo mismo como gestores?

La gestión del conocimiento. Es decir, datos, información, compartir y como resultado: el propio conocimiento versus inteligencia. Permítanme que haga uso de tres referencias:

  1. José Antonio Marina. El pasado mes de julio publicaba un artículo donde hablando de colores. Comentaba: “Una lengua, se dice, es más que una herramienta para comunicarse. Contiene una especial concepción del mundo”.
  2. Fray Luis de León hablaba de la dificultad de escribir y de la elección de las palabras de forma tangible e intangible: “Las que todos hablan, elige las que convienen y mira el sonido de ellas y aun cuenta a veces las letras y las pesa y las mide y las compone para que no solamente digan con claridad lo que pretenden decir, sino también con armonía y dulzura”.
  3. El Diccionario de la RAE sobre el término Software. Vocablo inglés que se encuentra admitido con una única acepción: “Conjunto de programas, instrucciones y reglas informáticas para ejecutar ciertas tareas en una computadora”.

Los procesos como base para conocer, diagnosticar y proponer. Incluso, cribar, como hace poco nos comentaba un compañero de nuestra profesión.

Hace casi 20 años, espero que me permitan decir esto, en la oficina comentábamos que “informáticos son los que hacen informes”. No quiero pedir disculpas por esta afirmación de la que no tengo su autoría, pero sí hacer hincapié en el fondo. Es exactamente igual que cuando se decía: “El que vale, vale. Y el que no, a Servicios Generales”. Aquí está la cuestión de todo. Era y es por eso. Porque no se valora y/o valoraba el trabajo como tampoco se valora y/o valoraba su parte económica. Aunque también pueden decir que eran otros tiempos y otras obligaciones… ¿Pero es excusa suficiente? ¿Y ahora?

Afortunadamente, aunque muchos lo sigan pensando, otros muchos valen y están en Servicios Generales, medios, o como se llame el departamento. Que esa es otra, la “terminología facilitiana”, pero que no viene al caso ahora.

Volvamos a los procesos, la detección de necesidades. Cómo medir. Cómo tener información. Qué información es válida. Por qué esa y no otra. Para todo esto hay que pensar un poquito. Y me pregunto, ¿cuánto tiempo nos dedicamos a pensar? De ahí las tres referencias expuestas con anterioridad. Para que un software realice distintas tareas, antes tenemos que saber qué tareas y, sobre todo, conocer qué queremos que nos diga con esas tareas para poder utilizar un lenguaje apropiado. Una herramienta.

Desafortunadamente, nos quedamos en la herramienta. Y ni siquiera nos cuestionamos qué se debe conectar entre otras cosas a la red. Lo demás, como el valor, se presupone. Pues hay que tener mucho. Mucho valor. El cincuenta por ciento del éxito de un contrato es el software porque la otra mitad depende del equipo, las personas y su conocimiento. Las personas y sus ‘softwares’. Mi primera clase recibida de máster fue: “puede que el edificio más inteligente que te encuentres sea el que mejor portero tenga”. Pues eso, “fifty – fifty”.

Con el correcto uso de los ‘softwares’ se evitan errores; obtenemos relevancia, efectividad y accesibilidad; creamos nuevos procesos de aprendizaje; reducimos esfuerzos; reutilizamos experiencias. Todo ello para una mayor calidad y mejora. Y como resultado, innovamos.

Algo habitual por mi parte es repetir o quizá reiterarme en ciertos aspectos. Nuevamente lo hago. Se necesitan soluciones diferentes conforme a la cultura de la organización y el uso del activo a gestionar. No todo vale para todo.

Cuando buscamos tener una visión estratégica utilizamos herramientas de gestión CAFM. Si lo que nos ocupa es un objetivo estratégico como la prevención y salud, un software y su gestión documental será elemental. En una escuela infantil, padres y educadores priorizan la seguridad de los niños y la comunicación: ubicación y agendas son la base de su aplicación informática. El servicio a domicilio garantiza una asistencia diaria mediante una sencilla App. El mantenimiento técnico legal, la cadena de frío, el alumbrado público, un Call Center o un Helpdesk. Incluso la disponibilidad de un quirófano. Sin olvidarme de las áreas de ERP, CRM, etc., que existen de forma transversal para los cuadrantes, facturas, compras, clientes. Incluso más, linkedIn, facebook, twiter... Me repito, no todo vale para todo.

Con esto de las redes sociales, recuerdo una frase que me enviaron por whatsapp (aún sin mencionar): “¿Os acordáis cuando se creía (antes de internet) que la causa de la estupidez colectiva era la falta de acceso a la información? Pues no era eso”. El exceso de información no garantiza que se sepa, se conozca, se mida e incluso se tomen las decisiones correctas.

Entonces, pienso, igual hoy sólo un poco. Con la ausencia de legislación sobre inteligencia artificial, la creación del Center for Humane Technology por los renegados de Silicon Valley; cuando “Le Suquet” pasa de las estrellas Michelin, o cuando Andy Stalman dice que una sociedad debe ser humano-céntrica. Incluso Leopoldo Abadía con su asertividad. Igual es que cada persona tiene sus ‘softwares’ y no otros.

¿Y Facility? Facility en cada uno de los ‘softwares’.

Clece sólo es posible gracias a las más de 74.000 personas y nuestros clientes, que hacen posible nuestra marca. Con y sin ‘softwares’.

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