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ARTÍCULO TÉCNICO

Smart Cities. Inteligencia para afrontar el futuro

14/12/2017 - Luis Gordo Palacios, director de Smart City Services en ACCIONA Service
El concepto de Smart City va más allá del empleo de la tecnología en la gestión de los equipamientos de las ciudades. Redes de sensores permiten conocer al instante todo lo que pasa en el espacio urbano, y con esta información se resuelven los problemas o se prevén riesgos. Los ciudadanos adquieren un papel activo y constante en la toma de decisiones que les afectan… Para el futuro de las ciudades, la inteligencia es el cemento más poderoso.

Dos imágenes de ciudad

Los Ángeles, 2019: bajo una lluvia constante, un denso tráfico de aeronaves sobrevuela una trama de rascacielos que evocan pirámides mayas. Abajo, los vendedores callejeros anuncian sus mercancías en una jerga que mezcla varias lenguas. Todo en un ambiente de penumbra apenas iluminado por gigantescas pantallas que emiten sin cesar anuncios de refrescos. Al comienzo de la tercera década del siglo XXI, el progreso científico ha producido siniestras megalópolis donde la contaminación no deja pasar la luz del sol, y en las que, gracias a la ingeniería genética, se esconden unos androides tan humanos que se formulan las preguntas esenciales sobre su existencia.

Masdar, Abu Dabi, 2020. El mayor proyecto de ciudad inteligente que se ha emprendido nunca alcanza su población ideal de 50.000 habitantes. En el paraíso del petróleo, el 100% de la energía consumida proviene del sol. Entre edificios que evocan la arquitectura tradicional árabe sólo se ven peatones y ciclistas, pues todo el transporte es subterráneo y no contaminante: cabinas eléctricas sin conductor, y un tren ligero automático, tanto para viajeros como mercancías. Una tupida red de sensores optimiza el consumo de energía y garantiza que todos los servicios se prestan de manera eficiente.

Dos modelos de ciudad diametralmente opuestos. El primero es el imaginado por Ridley Scott en 1982 para situar su película Blade Runner; el segundo comenzó a fraguarse en 2006, y es fruto del impulso del arquitecto más influyente de las últimas décadas: Norman Foster. Uno como pesadilla, el otro como utopía, los dos apelan a uno de los grandes desafíos que debe afrontar la sociedad contemporánea, como es el imparable crecimiento de las ciudades. Para entender la magnitud del reto, basta con recordar que en todo el mundo 2.500 millones de personas viven en ciudades, cifra que aumenta principalmente en Asia y África. En este momento, 13 de las grandes megalópolis del planeta sobrepasan los 20 millones de habitantes.

La utopía razonable

La gestión de las ciudades, no sólo de las muy grandes, impone la búsqueda de sistemas que, en primer lugar, garanticen el empleo eficiente de los ingentes recursos económicos que absorben. No menos importante que la eficiencia económica es la medioambiental. La sostenibilidad, la reducción de emisiones contaminantes, la disminución de la dependencia de combustibles fósiles son objetivos que deben figurar en la agenda de todos los responsables municipales. Un tercer elemento vital para la supervivencia de las ciudades es la seguridad. Al tradicional problema de la delincuencia se le suma ahora el que procede de la amenaza terrorista. Desde sus orígenes, la ciudad es el ámbito de la libertad, de la convivencia y de la diversidad: tres conceptos que están en el punto de mira de los terroristas. En última instancia, de lo que se trata es de promover el bienestar y la calidad de vida de los ciudadanos con unos servicios que respondan a sus necesidades.

Desde hace tiempo, aspectos como la organización del tráfico o el suministro de agua se gestionan gracias a modernos procedimientos informáticos, pero el concepto de ciudad inteligente, o Smart City, va más allá. Se trata de emplear de manera racional las nuevas herramientas. Las redes de sensores informan al instante del estado del tráfico, del uso de los transportes públicos, de los niveles de contaminantes en la atmósfera, etc. Los dispositivos móviles inteligentes facilitan que los sistemas de la ciudad interaccionen directamente con los ciudadanos. El tratamiento con las técnicas de Big Data de la inmensa cantidad de datos obtenida permite conocer los hábitos de los habitantes de la ciudad para realizar predicciones, corregir ineficiencias, establecer mejoras, etc.

Como es lógico, el concepto de ciudad inteligente es gradual. Salvo experimentos de Smart Cities construidas desde cero, como Masdar o Songdo, en Corea del Sur, las nuevas tecnologías deben incorporarse poco a poco a la ciudad ya existente, en función de su capacidad económica o de sus prioridades. Por ello, existe una gran diversidad en la forma en que las ciudades se sirven de estas innovaciones. Algunos ejemplos: Singapur, Nueva York o Londres han implantado sensores y cámaras para analizar la congestión del tráfico y ajustar la oferta de transportes públicos. También en Nueva York, con los nuevos sistemas se controla la calidad del aire o el consumo de energía de los servicios públicos.

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