La descarbonización de las empresas ya no depende solo de construir edificios más eficientes, sino de gestionar mejor los activos existentes. En ese proceso, el Facility Management (FM) se sitúa como una disciplina estratégica capaz de conectar sostenibilidad, mantenimiento, datos y tecnología para reducir consumos, anticipar incidencias y convertir la gestión de instalaciones en una ventaja competitiva. En este proceso, la labor que llevan a cabo las personas encargadas de su gestión se torna crucial.
Con nuevas exigencias europeas en materia de eficiencia energética y sostenibilidad, especialmente en el marco de la Directiva CSRD, se convierten en figuras fundamentales para abordar estos nuevos retos como garantes de asegurar infraestructuras y alineación con el negocio.
Las propias Normas Europeas de Información sobre Sostenibilidad (ESRS) ya establecen la obligatoriedad de reportar de forma más homogénea y verificable el desempeño ESG de las organizaciones.
En este contexto, el FM deja de limitarse a la gestión operativa de edificios e instalaciones para convertirse en un puente entre la estrategia corporativa y la ejecución diaria, traduciendo los objetivos de sostenibilidad en decisiones concretas sobre consumo, mantenimiento, eficiencia y descarbonización.
Es precisamente esta descarbonización operativa la que exige, además, una secuencia clara de actuación. Primero hay que reducir la demanda energética; después, electrificar los usos térmicos, sustituir combustibles fósiles, controlar las fugas de refrigerantes y, por último, abastecerse con energía renovable.
Esta exigencia regulatoria está empujando además a las compañías a ir más allá del cumplimiento formal y a conectar el reporte con la realidad de sus instalaciones. En ese contexto, el FM se convierte en el punto de enlace entre la estrategia ESG y la información que genera el propio activo, unos datos que ya no solo sirven para reportar, sino también para decidir mejor.
Sostenibilidad en la cuenta de resultados
El peso real del FM la gestión de los consumos de un edificio se entiende mejor cuando se pone el foco en los sistemas que más energía absorben en el día a día. La climatización, la iluminación, la envolvente, los horarios de operación y la automatización marcan buena parte del desempeño energético de un edificio, de modo que cualquier mejora en su gestión tiene un efecto directo sobre emisiones, costes y vida útil de los activos.
En la actual transición hacia un modelo más sostenible, la digitalización del mantenimiento está ganando protagonismo por una sencilla razón: permite pasar de decisiones reactivas a una operación basada en la condición real del activo. Christian Struve, CEO y cofundador de Fracttal, lo resume así: “La conversación sobre eficiencia energética ha vivido durante mucho tiempo en el plano del diseño y la inversión: edificios más eficientes, mejores sistemas HVAC o certificaciones sostenibles. Todo eso importa, pero no resuelve por sí solo el problema”.
Las exigencias regulatorias empujan a las compañías a conectar el reporte con la realidad de sus instalaciones
Frente a ese enfoque inicial, desde la compañía defienden que la mayor palanca de cambio se sitúa en cómo se operan y mantienen los activos a lo largo del tiempo. En este aspecto, conectar sostenibilidad con gestión empresarial implica ir más allá del discurso y demostrar impacto en la cuenta de resultados.
El mantenimiento como factor determinante
En un contexto marcado por la volatilidad de los precios energéticos, el cumplimiento normativo y las exigencias de taxonomía y ESG, el Facility Management se posiciona como el área que aterriza los objetivos corporativos en decisiones operativas concretas, desde los contratos y el mantenimiento hasta la optimización del consumo y la obtención de resultados medibles.
En este sentido, Struve apunta que “un activo bien mantenido consume menos energía, dura más y genera menos emisiones”, una afirmación especialmente relevante en entornos donde climatización, bombeo, ventilación o refrigeración concentran buena parte del gasto energético. En esa misma línea, apunta que la digitalización del mantenimiento “cambia completamente la lógica de operación” porque permite detectar desviaciones energéticas o pérdidas de eficiencia antes de que se conviertan en fallos críticos o sobrecostes invisibles para la operación.
Policarpo González, socio-director de Grupo Aire Limpio, identifica nuevas tecnologías como la inteligencia artificial como “herramientas clave hoy en día para construir espacios más eficientes, sostenibles y rentables, manteniendo al mismo tiempo unas condiciones ambientales óptimas para los ocupantes”. Este tipo de tecnologías, por tanto, suponen un importante avance, ya que permiten reducir costes imprevistos y tiempos de inactividad, “optimizando la respuesta y el volumen de personal necesario para mantener la operativa de manera eficiente”, puntualiza González.
Nuevos modelos de trabajo
La presión normativa está acelerando la adopción de modelos más sostenibles, donde la eficiencia energética y la reducción de emisiones dejan de ser diferenciales para convertirse en requisitos básicos. Los objetivos europeos de descarbonización para 2030 y 2050, sin ir más lejos, conllevan disponer de datos más fiables, trazables y accionables sobre sostenibilidad y rendimiento energético.
Con vistas a lograr estos objetivos, en Fracttal han concebido una plataforma que dé respuesta a esa demanda y a las nuevas exigencias de trazabilidad, eficiencia y sostenibilidad establecidas en la normativa. Struve explica que esta funciona “mediante sensores IoT que capturan el comportamiento de los activos en tiempo real y una plataforma cloud que centraliza mantenimiento, órdenes de trabajo, inventario y operaciones”. Sobre esa base, la inteligencia artificial y los agentes autónomos permiten “detectar desviaciones, priorizar tareas, automatizar flujos y ejecutar recomendaciones operativas prácticamente en tiempo real”, explica Struve.
Según apunta Juan Cerezo, director comercial nacional de Limcamar, “la presión regulatoria y social está acelerando la adopción de modelos más sostenibles”. La incorporación de plataformas de gestión, sensores IoT y sistemas de reporte en tiempo real, además, “está permitiendo optimizar recursos y mejorar la calidad del servicio”, añade Cerezo.
La digitalización cobra valor cuando los datos se traducen en indicadores operativos y comparables
En esta línea se manifiesta también Ester Ruiz, COO & HSEQ de Famase. La directiva subraya que la sostenibilidad “ha dejado de ser un argumento de marketing para convertirse en una exigencia contractual y regulatoria”. Desde la compañía defienden un modelo de trabajo que combina tecnología aplicada, equipos especializados y soluciones a medida con “monitorización en tiempo real y mantenimiento predictivo para reducir costes, evitar incidencias y prolongar la vida útil de las instalaciones”, apunta Ruiz.
Para el sector, ese salto de la medición a la acción es uno de los grandes cambios. Desde Fracttal afirman contar con más de 20 millones de activos gestionados y más de una década de datos operativos estructurados. Un volumen que, en opinión de Struve, “permite construir reporting de sostenibilidad y eficiencia energética desde la operación real del activo y no desde estimaciones manuales difíciles de escalar”. Aun así, el CEO y cofundador de Fracttal advierte que el principal obstáculo no es tecnológico, sino organizativo: “Muchas empresas siguen operando con Excel o sistemas legacy que no generan datos fiables ni trazables”, señala Struve.
A su juicio, el problema se agrava por la fragmentación entre los sistemas energéticos, operativos y financieros, que dificultan una visión unificada de la instalación. Struve insiste en que también “persiste una mirada que sigue tratando el mantenimiento como un coste y no como una palanca estratégica de eficiencia y sostenibilidad”.
En busca de la eficiencia
En ese contexto, la solución no pasa solo por levantar nuevos edificios más eficientes, sino por “instrumentar y conectar mejor los activos ya existentes mediante sensorización, integración con plataformas de mantenimiento, BMS y ERP, y capas de IA capaces de transformar los datos en decisiones automáticas”, señala desde Fracttal.
En este sentido, si bien desde Serveo Miguel Chaves sitúa también la sostenibilidad y la digitalización entre las principales palancas de cambio del sector, añade que tecnologías como IoT, inteligencia artificial y plataformas integradas “permiten avanzar hacia una gestión basada en datos, mejorando la eficiencia operativa y la toma de decisiones”.
Para la compañía, la presión regulatoria y los compromisos ESG obligan a avanzar en eficiencia energética, reducción de emisiones y descarbonización, situando al FM como un actor clave para conseguir esos objetivos.
La digitalización cobra por tanto valor cuando esos datos se traducen en indicadores operativos comprensibles y comparables. Métricas como kWh/m², intensidad de carbono, consumos por uso o rendimiento de equipos permiten medir el avance con mayor precisión y vincular cada decisión de mantenimiento o gestión con un impacto energético y ambiental concreto.
La misma lógica aparece en Famase, donde Ester Ruiz sintetiza la transformación del sector con una frase rotunda: “El Facility Management está dejando de ser una función de soporte para convertirse en un activo estratégico del negocio”. Para la directiva, quienes no entiendan ese cambio “ya van tarde”. Desde su perspectiva, las principales palancas de cambio actuales son la inteligencia del dato, la presión por descarbonizar, la digitalización y un cambio cultural que lleve al FM de un modelo reactivo a otro capaz de anticiparse y prevenir.
La calidad y protección de los datos
El mensaje más repetido por todos los actores del sector es que el punto de partida no está en la tecnología en sí, sino en la calidad del dato, como apuntaba Ruiz. Struve, por su parte, insiste precisamente en que “la gran barrera hoy en día no es la IA, sino el dato”. Sin históricos estructurados de intervenciones, consumos y fallos vinculados al activo, el potencial de la inteligencia artificial queda limitado. En consecuencia, el primer paso no siempre será incorporar más sensores o más herramientas, sino construir una base operativa sólida que permita medir, comparar y actuar con rigor.
Sin embargo, la IA también puede jugar un papel fundamental a la hora de concebir entornos sostenibles. Por ejemplo, gracias a estas nuevas tecnologías, es posible automatizar la gestión de entornos saludables, cómodos y sostenibles, con el consumo más eficiente posible. Estas nuevas tecnologías, “suponen un importante avance, ya que permiten reducir costes imprevistos y tiempos de inactividad, optimizando la respuesta y el volumen de personal necesario para mantener la operativa de manera eficiente”, apunta González. Ese desplazamiento del mantenimiento como coste al mantenimiento como valor resume bien el momento que atraviesa el sector.
Ciclo de vida de los activos
En este escenario regulatorio cada vez más exigente, las empresas que mejor conecten datos, activos y estrategia estarán, por tanto, en mejores condiciones para avanzar hacia una descarbonización operativa real, medible y sostenible.
La eficiencia energética, por ejemplo, ya no se entiende sin calidad ambiental interior. Y es que “una calidad ambiental interior bien planteada mejora la eficiencia energética de los edificios”. comenta González. “La calidad del aire interior ya no compite con la eficiencia energética, sino que puede mejorarla cuando se gestiona con automatización, control y analítica”, señala el fundador de Aire Limipio.
González considera, además, que, para que el funcionamiento de la CAI sea óptimo, hay múltiples herramientas, “desde el sellado de circuitos hasta el commissioning, pasando por los sistemas de control conectados al BMS del edificio, que automatizan el proceso y mejoran tiempos y eficiencia”.
Desde Serveo, Chaves enmarca la propuesta de valor de su compañía en un FM más flexible, integral y especializado. “Nuestra propuesta de valor evoluciona hacia un enfoque orientado a generar impacto tangible en los objetivos operativos, ambientales y económicos de nuestros clientes”. Desde la compañía destacan su capilaridad territorial, su Tech Hub corporativo y su enfoque sobre el ciclo de vida de los activos como elementos clave ante nuevas demandas.
En este sentido, el reto ya no es solo imaginar edificios más sostenibles, sino aprender a operarlos mejor. En esa transición, el Facility Management se confirma como la pieza que conecta la estrategia ESG con la realidad diaria de las instalaciones, donde cada dato, cada decisión y cada mantenimiento cuentan.
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