Smart Building Terrassa: ciudad inteligente

El municipio de Terrassa, en Barcelona, se ha convertido en un espacio urbano donde la tecnología y la gestión eficiente de los recursos se ponen al servicio de la ciudad. Smart Building Terrassa surge como una apuesta estratégica para repensar el funcionamiento de los edificios desde una perspectiva energética, digital y sostenible.

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De nuestra Redacción

El proyecto Smart Building Terrassa se concibe como una iniciativa orientada a la modernización y gestión inteligente de los edificios. Situado en el municipio de Tarrasa (Barcelona), representa todo un hito en la transformación urbana del municipio. La iniciativa, impulsada por el propio ayuntamiento con el apoyo de Red.es, se ha ejecutado gracias a la colaboración de la UTE liderada por Imesapi e IoTsens, la división tecnológica de Nealis.

El alcance de este proyecto no se limita a un único edificio insignia, sino que es mucho más ambicioso: abarca un parque inmobiliario de 169 edificios municipales de tipologías muy diversas. El propósito original fue superar la gestión tradicional y fragmentada de los inmuebles para convertirlos en edificios interconectados. Actualmente, el proyecto se encuentra en una fase operativa que permite centralizar la información de estos activos, situando a Terrassa como un referente nacional en la gestión inteligente de infraestructuras públicas.

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Smart Building Terrassa se apoya en una visión orientada “a dar respuesta a determinados retos urbanos, energéticos y de gestión que se consideraban prioritarios en el momento de su concepción”, según nos explica Antonio Martínez Rodes, director de Operaciones de IoTsens. En este aspecto, se partía de una premisa clara: dejar de entender el edificio público como una “isla” aislada para integrarlo como una pieza activa en el ecosistema de la ciudad inteligente. Con esta iniciativa, se buscaba resolver tres retos críticos: la eficiencia operativa, eliminando la lectura manual de contadores y la gestión reactiva; la sostenibilidad energética, mediante la detección temprana de consumos anómalos de agua, gas y electricidad así como obtener información valiosa que permita la toma de decisiones más acertadas que aumentan la eficiencia del edificio; y la salubridad ambiental, una prioridad que cobró especial relevancia tras la pandemia, garantizando la calidad del aire interior en espacios concurridos.

Integración de sistemas

A la hora de innovar en proyectos de gestión de edificios, el valor reside en la capacidad de adaptación tecnológica sobre un patrimonio existente y heterogéneo. En este caso, el reto consistió en desplegar una arquitectura basada en la norma UNE 178108, que permite unificar la gestión de edificios sin alterar su esencia. Para ello, se optó por una solución no intrusiva: la instalación de un Nodo IoT desarrollado por el brazo tecnológico de Nealis en cada inmueble. Este dispositivo actúa como un “cerebro local”, integrando sistemas nuevos y existentes, recogiendo información, estandarizándola y compartiéndola en una plataforma común. De este modo, se logra una comunicación homogénea independientemente de la antigüedad, los materiales o la orientación del edificio.

Por la propia heterogeneidad de los edificios, en este complejo urbanístico cohabitan usuarios y espacios de diversa índole. “Se pueden encontrar centros cívicos, ayuntamientos, hospitales, bibliotecas, colegios, viviendas para la tercera edad, etc.”, indica Antonio Martínez Rodes, director de Operaciones de IoTsens. La transversalidad es una de las características de este tipo de construcción, lo que implica que convivan perfiles muy distintos: desde gestores de la administración pública encargados del mantenimiento de edificios o los propios usuarios hasta ciudadanos. Gracias a sus sistemas de integración, cualquier usuario puede consultar tanto el estado del edificio (por ejemplo, salubridad o aforo) como otras características asociadas al confort del edificio.

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Las intervenciones llevadas a cabo en materia de digitalización tuvieron un impacto directo, tanto en las superficies como en las personas. La monitorización ambiental —que mide niveles de sonido, CO2, temperatura y humedad—, por ejemplo, garantiza que escuelas y oficinas sean espacios seguros y saludables.

“Mejoramos la capacidad cognitiva y reducimos riesgos sanitarios”, explican desde la compañía. Paralelamente, otros sistemas como acelerómetros y fisurómetros trabajan de forma silenciosa para asegurar la integridad física en infraestructuras antiguas, aportando una capa invisible de seguridad que refuerza la confianza en los espacios públicos.

Hacia un modelo de FM centralizado

Para llevar a cabo este proyecto, en el Smart Building Terrassa se ha aplicado un modelo de Facility Mangement que ha transitado de un modelo correctivo y fragmentado a uno centralizado y basado en datos (Data-Driven). Se ha pasado de depender de avisos de averías o revisiones por calendario a una plataforma única —Sentilo— que recibe información en tiempo real de todos los suministros y estados del edificio. Esto permite una gestión híbrida, donde la tecnología IoT detecta incidencias (como una fuga de agua nocturna) y activa los servicios de mantenimiento de manera precisa y justificada.

Gracias a la implementación de esta plataforma, la gestión diaria de los equipos ha sufrido cambios sustanciales. En este caso, este sistema permite una organización transversal, lo que rompe “los silos tradicionales entre departamentos”. De este modo, la plataforma actúa como punto de encuentro donde interactúan perfiles de IT, técnicos de mantenimiento y gestores de energía y sostenibilidad. “El equipo se apoya en cuadros de mando que traducen los datos técnicos en indicadores de negocio para la toma de decisiones ágil”, explican desde la entidad. Sentilo, por tanto, actúa como puente entre los sensores y los sistemas de los edificios —integrados mediante los Nodos IoT— y las aplicaciones que transforman los datos en servicios inteligentes. De este modo se garantiza la interoperabilidad, que se materializa en cuadros de mando que combinan datos de distintas fuentes, permitiendo que cada usuario configure la información según sus necesidades.

“El usuario puede decidir qué indicadores son relevantes para su gestión”, explica Antonio Martínez Rodes. En este caso, los edificios integran un amplio abanico de sistemas, tales como electricidad, consumo de agua y gas, conteo de personas, monitorización acústica, contaminación lumínica, calidad del aire, monitorización ambiental interior, salud estructural y detección de incendios.

Ciudad inteligente

Este proyecto no es solo una iniciativa tecnológica, sino una validación del modelo de Smart City desde sus cimientos.

“Al dotar de inteligencia a 169 edificios públicos, Terrassa crea una red neuronal urbana capaz de sentir y reportar lo que ocurre en su interior”. Martínez deja claro que, sin embargo, este no se trata solo de un piloto, sino que supone un despliegue a escala real que cumple con la normativa UNE 178104 de Ciudades Inteligentes. Según sus organizadores, esto demuestra que “la gestión eficiente de la ciudad comienza por la gestión eficiente de sus activos”.

En esa transformación han tenido mucho que ver innovaciones tecnológicas como los gemelos digitales. Para este proyecto, por ejemplo, se ha construido un Gemelo Digital de Datos. Lo que permite esta plataforma es visualizar el estado operativo de cada edificio en tiempo real.

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Su mayor valor reside en el mantenimiento predictivo: “Al cruzar datos históricos con lecturas actuales, el sistema puede identificar patrones de degradación o consumos fantasmas que serían invisibles para un operario humano”, explica la compañía. Esto, lo que posibilita, es una anticipación a fallos y optimización de consumos, con la consiguiente reducción de costes y riesgos.

Decisiones basadas en datos

La inteligencia artificial también forma parte de la toma de decisiones del edifico. En este caso, la innovación se encuentra en Edge Computing, sistema mediante el cual solo se envía a la nube el dato anonimizado, garantizando privacidad y agilizando decisiones sobre ocupación y aforos. Sus cámaras de conteo, por otra parte, no se limitan a grabar, sino que “incorporan algoritmos de aprendizaje profundo para distinguir humanos de objetos, analizar direcciones y procesar la información localmente”, comenta el director de Operaciones de IoTsens. Además, esta plataforma aplica inteligencia artificial para calcular previsiones energéticas y operativas.

El proyecto, por lo tanto, genera una ingente cantidad de datos: consumos, ocupación, confort, movilidad interna y seguridad. La gobernanza de estos datos se asegura mediante las citadas normas UNE 178104 y UNE 178108, encriptación extrema a extremo y propiedad municipal del dato. “La calidad y seguridad se garantizan desde el sensor hasta la nube”. Esto garantiza un enfoque integral que trasciende la eficiencia energética del ladrillo.

Mantenimiento predictivo y usuarios

Una de las ventajas de automatizar y gestionar de forma inteligente es lograr un mantenimiento predictivo. Este tipo de conservación de los edificios ya es una realidad en sistemas críticos.

“Mediante acelerómetros y fisurómetros, el edificio avisa si aparecen micromovimientos o si una grieta se expande”. Esto también se aplica a redes de agua, prediciendo fugas mediante análisis de caudal mínimo nocturno, evitando daños y costes inesperados.

La digitalización también ha traído consigo la transformación de la experiencia del usuario de forma transparente y no intrusiva. En el Smart Building de Terrassa, el ciudadano percibe la mejora a través del confort térmico y la calidad del aire, sin necesidad de interactuar con la tecnología. “La medición de esta experiencia se realiza de forma objetiva a través de los datos de los sensores ambientales y de ocupación”.

Además, la disponibilidad de datos habilita nuevos servicios inteligentes, como información de aforo en tiempo real para evitar aglomeraciones o la garantía de espacios saludables. Esto ha modificado positivamente el comportamiento de los usuarios, haciéndolos más conscientes de aspectos como la ventilación y el confort.

En relación con la seguridad física o digital, en este caso, en este espacio se aborda mediante un diseño en capas o “seguridad en profundidad”. Así, “la red LoRaWAN utiliza un doble cifrado AES-128, uno para la red y otro exclusivo para la aplicación”, garantizando que los datos no puedan ser interceptados ni manipulados.

A nivel de hardware, los dispositivos están hardenizados, lo que implica que no son sistemas operativos accesibles. Disponen de claves robustas y requieren de acceso físico para su configuración.

Este diseño minimiza la superficie de ataque frente a ciberamenazas y asegura, así, la integridad del sistema.

Evolución del proyecto

Todos estos avances suponen, innegablemente, una serie de retos a la hora de operar estos sistemas inteligentes. En este caso, el mayor desafío ha sido la heterogeneidad y la conectividad en un entorno real. “Desplegar una red IoT fiable en edificios con muros de hormigón grueso, sótanos técnicos y ubicaciones dispersas requirió estudios de cobertura exhaustivos y la instalación estratégica de Gateways LoRaWAN”, explica Martínez…

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Integrar tecnologías tan dispares como un contador de agua analógico y una cámara de visión artificial en una única plataforma ha sido un reto de integración que solo se ha superado gracias a la estandarización. Hasta ahora, el logro más destacado, reconocido con el premio EnerTIC, ha sido demostrar la viabilidad de una gestión unificada para toda la ciudad, creando un estándar replicable.

“Mirando al futuro, la evolución natural es pasar de la monitorización al control activo”, explican desde la entidad. Esto significa que el edificio no solo avisará de que hay mucha luz o CO2, sino que actuará automáticamente sobre las luminarias o los sistemas de ventilación. Además, se prevé una mayor apertura de datos a la ciudadanía mediante aplicaciones móviles que enriquezcan la vida urbana y fomenten la transparencia. En este caso, la clave del éxito ha residido en dos principios básico: la estandarización y la flexibilidad.

Según apunta el director de Operaciones de IoTsens, “es fundamental huir de soluciones propietarias cerradas y apostar por estándares abiertos e interoperables”, como las normas UNE o el Nodo IoT. Este enfoque garantiza que la inversión de hoy sea compatible con la tecnología del mañana, permitiendo escalar y añadir nuevos servicios sin reconstruir la infraestructura digital desde cero.

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